Por Yuri CORTEZ
Atardecer
en el Cerro Gordo, cerca de Iguala (estado de Guerrero), donde se
hallaron varias fosas comunes en las últimas semanas (AFP/Yuri Cortez)
En el centro de Iguala de la Independencia, la tercera ciudad del estado mexicano de Guerrero, sobresale la Iglesia de San Francisco, pintada de color salmón con su cúpula decorada con azulejos azules. Cada noche, el templo se convierte en testigo de los movimientos poco usuales de un ejército de “halcones” que, como abejas sobre la miel, revolotean por los alrededores las 24 horas del día.
Habitantes de Iguala miran a través de la ventana de su vivienda el 12 de octubre de 2014 (AFP/Yuri Cortez)
Aparte de nosotros, hay muchos otros periodistas visitando la ciudad y
“los de arriba” necesitan saber qué hacen, con quién hablan, dónde se
hospedan… Así que el trabajo de estos vigilantes se vuelve incansable y
el motor de las scooter ruge para seguir al vehículo que pasa,
rotulado como PRENSA en su parabrisas o en el vidrio trasero, y en las
afueras de los hoteles, y hasta dentro, hay siempre uno esperando para
tomar la foto o enviar un mensaje. Son hábiles con el celular.La noticia que tiene a todos aquí, incluso a enviados de las agencias y cadenas de televisión más importantes del mundo, nació la noche del 26 de setiembre, cuando al parecer policías y narcotraficantes atacaron autobuses con estudiantes. Seis personas murieron ese día, entre ellas varios civiles, y desde entonces, otros 43 alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa Raúl Isidro Burgos están desaparecidos. Todos quieren saber dónde están, qué les pasó.
Zopilotes sobrevuelan las faldas del Cerro Gordo el 10 de octubre de 2014 (AFP/Yuri Cortez)
El acceso en vehículos es imposible, por lo que con ayuda del Ejército y la Marina se abre un sendero para llegar a pie y se instala un cordón militar de seguridad. Los vecinos nos cuentan que estamos en medio de un territorio controlado por narcotraficantes.
“Aquí suben y bajan camionetas casi siempre después de las 22:00 horas”, nos dice un poblador. “Se nota que son gente mala y nosotros nunca salimos de nuestras casas. El temor nos invade porque tenemos hijos, pero yo le digo a mi esposa que si vienen a la casa, aunque sea a dos me llevo (mato)”, nos comenta el joven campesino, quien me dio la primera idea sobre lo que verdaderamente pasaba en el Cerro Gordo.
Cruces
colocadas en una zona de cuerpos sin identificar en el cementerio
municipal de Iguala, el 12 de octubre de 2014 (AFP/Yuri Cortez)
En una primera búsqueda encuentran 28 cuerpos, que posteriormente se comprueba que no pertenecen a los estudiantes. ¿Quiénes son?
A falta de arreglos y velas que usualmente coloca la familia del doliente, el Cerro Gordo se encarga de proporcionar una cantidad insuperable de flores multicolores que dan la impresión de estar en un camposanto natural.
Flores silvestres de todos colores camino al Cerro Gordo, el 12 de octubre de 2014 (AFP/Yuri Cortez)
La gama de amarillos, naranjas y magentas se va desvaneciendo del
cielo. El negro empieza a inundar el paisaje y el mar de periodistas
decide que es tiempo de marcharse, ya que la zona no es segura. Unos se
irán a la capital del estado, Chilpancingo, porque temen que los hoteles
en Iguala no sean seguros. Otros deciden que es tarde para emprender el
retorno y deciden pernoctar en la ciudad a pesar del riesgo y del
miedo.En consenso, nosotros decidimos permanecer en el lugar y esperar a ver qué pasa, aún si eso implica dormir en el puesto de control instalado por las autoridades militares y policiales, que hacía visible su poderío de defensa, no solo por los pick-up de doble tracción equipados con ametralladoras pesadas calibre 7.62 y lanzagranadas, sino además por la presencia de una fuerza élite de la Policía Federal.
Ahí sigo intentando obtener más información del Cerro y me encuentro con un comandante de la Policía Ministerial. Por su pose y el orgullo con que muestra su placa en una foto del whatsApp me imagino que es un “Miami Vice”, que después de varios minutos de conversación, sin haberme preguntado quién era yo o para quién trabajaba me explica que el hallazgo de las fosas fue mérito de su institución, gracias a una labor de inteligencia. Me muestra una fotografía que recién había tomado con su celular en la que se observaban algunas ropas y bolsas plásticas en el lugar. Le pregunto si podría dármela, pues hasta ese momento no había tenido acceso a las tumbas, pero se niega y no insisto. Ya tenía buenos datos.
La vista desde el lugar es simplemente un alivio a los ojos, las luces de la ciudad quedan a merced de la cámara.
Un
árbol lleva un letrero con el nombre de una comunidad ubicada al pie de
Cerro Gordo, el 13 de octubre de 2014 (AFP/Yuri Cortez)
“En la noche se escuchan gritos de dolor desgarradores, como si estuvieran torturando a alguien”, me comenta otro poblador, un moreno delgado y curtido por el candente sol que a diario baña este valle y quien, para su dieta, recolecta grillos junto a su mujer. Ella lo secunda, y manifiesta que seguido de los llantos se escuchan las risadas de los verdugos, gozando del dolor que causan.
Decidimos hacer una incursión a la zona. Llegamos en auto hasta cierto punto y después caminamos por horas bajo el sol llameante y la humedad clásica de zonas tropicales, recrudecida porque el día anterior había llovido. Cruzamos pastizales, una milpa plagada de insectos que nos vieron como un manjar pues seguramente nadie aparecía por ahí en días o meses, así que nos tocó ser los donantes del día.
Visitamos algunos lugares recomendados por pobladores y periodistas locales. No sabemos qué eran, pero pasamos por lugares que llamaríamos fosas, donde del suelo emergían restos de ropas, zapatos, en algunos casos con claros signos de haber sido calcinados, pertenencias de niños y de adultos, las tradicionales botas vaqueras de México y varias colchas (cobertores) con sangre. La hipótesis estaba confirmada, más después de conocer el pequeño autobús colectivo que recorre las faldas del Cerro Gordo, al que los pobladores bautizaron como “la combi del cementerio”. Como nuestros entrevistados nos dijeron, los lugares siempre están marcados, y así lo verificamos.
Un peluche al borde de un camino que conduce a Cerro Gordo, cerca de Iguala, el 12 de octubre de 2014 (AFP/Yuri Cortez)
El silencio que predomina es interrumpido por el zumbido del aleteo de las moscas. Entonces nos invade esa certidumbre de que, sin importar donde se excave, será posible encontrar restos de víctimas que descansan en Iguala, que en náhuatl significa “donde serena la noche”. Para ellos, será una noche eterna y para sus familias un capítulo que quizás nunca tenga final.
Un altar dedicado a la Virgen de Guadalupe en un caserío al pie del Cerro Gordo, el 12 de octubre de 2014 (AFP/Yuri Cortez)
Yuri Cortez es fotógrafo de AFP destacado en México. Fue parte de un equipo de texto-video y foto enviado al estado de Guerrero.
copiado http://www.afp.com
Nenhum comentário:
Postar um comentário