El presidente del
Gobierno se muestra firme días antes del pleno del Parlament que puede
abordar la independencia de Cataluña. En una entrevista concedida a EL
PAÍS asegura: “Impediré que la declaración de independencia, si la
hubiere, signifique algo”
Rajoy, durante la entrevista.FOTO: ALEJANDRO RUESGA / VÍDEO: ÁLVARO DE LA RÚA, LUIS ALMODÓVAR
Mariano Rajoy es consciente de que con el desafío independentista catalán
se enfrenta a una de las situaciones más graves en la historia de la
democracia española. Son muchas las voces que le reclaman una actuación
más contundente ante la rapidez con que la Generalitat y el Parlament
avanzan hacia una declaración de independencia
mientras se mantiene la tensión en la calle. El presidente del Gobierno
se muestra dispuesto a echar mano de todos los instrumentos que la ley
pone en sus manos para evitar la ruptura de la unidad de España, pero
reclama que se tenga confianza en su Gobierno y se respete su derecho a
elegir el momento y la dosis necesaria de respuesta, con el fin de que
el desenlace se produzca con los menores daños posibles.
Pregunta.
La sociedad está asustada. Los ciudadanos tienen miedo. Dos o tres
generaciones de españoles se enfrentan a una situación que jamás
pensaron vivir. ¿Qué mensaje querría enviar a todas esas personas? Respuesta. Entiendo muy bien su inquietud. Estamos
hablando de algo que es muy importante y que nos afecta a todos como
españoles. Estamos hablando de la unidad de nuestra nación. España ha
avanzado mucho, sobre todo en los últimos 40 años, y hoy es una de las
grandes economías del mundo y uno de los lugares con mayor nivel de
derechos, de libertades, de bienestar, de progreso y de atención a las
personas. Quiero decirles que vamos a salir adelante. Y también que
tienen un Gobierno que va a defender, como es su obligación, la unidad
nacional y la soberanía nacional. Y lo va a hacer tomando todas las
decisiones que tenga que tomar y en el momento en que sea preciso
hacerlo. E intentando que esto se salde con el menor daño posible.Sería
muy importante también en estos momentos —y por ahí debería ir el
futuro— que ese catalanismo constitucional y pactista que contribuyó al
crecimiento económico en nuestro país y a la mejora de nuestro bienestar
y riqueza en los últimos 40 años volviese. Que terminara las alianzas
con extremistas y radicales y que buscara esa alianza con los partidos
que representan prácticamente a la mitad de Cataluña, a los que se ha
discriminado y a los que ni siquiera se les dejó opinar sobre las
importantes decisiones que se tomaron en las últimas fechas. Tengan la
seguridad de que esta batalla se va a dar y de que se va a ganar, porque
es una batalla justa, es una batalla legal y es lo que quiere la
inmensa mayoría de los españoles y lo que sentimos todos. P. ¿Existe un riesgo de que España se divida? R. En absoluto. España no se va a dividir y la
unidad nacional se va a mantener. Emplearemos para ello todos los
instrumentos que nos da la legislación. Corresponde al Gobierno tomar la
decisión y hacerlo en el momento concreto. Hemos oído a mucha gente.
Creo que sabemos lo que piensan los españoles. Y deben saber que el
Gobierno también conoce lo que tiene que hacer.
“La Guardia Civil y la Policía seguirán en Cataluña hasta que vuelva la normalidad”
Rajoy, durante la entrevista.alejandro ruesga
Pregunta. ¿Cree que los Mossos d'Esquadra actuaron de forma desleal con el Gobierno el pasado 1 de octubre? Respuesta. Si me permite, yo le diría lo siguiente.
Creo que las autoridades políticas de la Generalitat de Cataluña han
hecho un daño muy importante al prestigio de los Mossos d'Esquadra. Lo
creo con absoluta franqueza. A partir de ahí, ¿confiamos o no confiamos?
Todas las autoridades que ejercen la seguridad, Mossos d'Esquadra,
Policía Nacional y Guardia Civil, estaban en Cataluña a las órdenes de
los jueces. No estaban a las órdenes del Gobierno. Y, por lo tanto,
serán los jueces los que tengan que decir si la actuación de los Mossos
ha sido la correcta o no. Permítame que no entre en el análisis de ese
asunto porque hoy no me corresponde. P. Pero póngase en el papel de un ciudadano español
que vive en Cataluña y que la policía que le protege son los Mossos
d'Esquadra, que tienen todas las competencias sobre seguridad. ¿Cree que
puede sentirse tranquilo en estos momentos y que su seguridad está en
buenas manos? R. Mire, yo lo que le digo es que la Guardia Civil y
la Policía Nacional seguirán en Cataluña mientras las cosas no vuelvan a
la normalidad.
P. ¿Qué hará el Gobierno en el supuesto de que la próxima semana el Parlament de Cataluña haga un pronunciamiento a favor de la independencia? R. Vamos a impedir que se produzca la independencia.
Por eso puedo decirle con absoluta franqueza que no se va a producir.
Es evidente que tomaremos cualquiera de las decisiones que nos permiten
las leyes a la vista de cómo vayan evolucionando los acontecimientos.
Quiero decir una cosa con absoluta claridad: mientras la amenaza de una
declaración de independencia no desaparezca del panorama político va a
ser muy difícil que el Gobierno no tome decisiones. P. ¿Incluido el artículo 155 de la Constitución? R. Yo no descarto absolutamente nada de lo que dice
la ley. Lo que tengo que hacerlo es a su tiempo, que es lo más
importante en este momento. Lo ideal sería que no hubiese que tomar
soluciones drásticas, pero para ello tendrían que producirse
rectificaciones.
“El Gobierno tomará las decisiones que tenga que tomar en el momento preciso”
P. Es usted consciente de que se ha debatido la
idoneidad de aplicar el artículo 155 antes de que se llegara a la
situación actual. ¿Por qué ha renunciado hasta ahora el Gobierno a su
uso? R. Hay muchas opiniones y las entiendo todas. Fíjese
sin embargo en la posición de los partidos más importantes del
Parlamento. El PSOE defiende una reforma constitucional y no es un entusiasta del 155.
El señor Rivera quiere que se aplique ese artículo pero solo para que
nosotros convoquemos elecciones autonómicas en Cataluña. Podemos
pretende que haya una mediación por parte de alguien y que el Gobierno
se siente a negociar bajo la amenaza de este chantaje. Hay opiniones
diversas, y luego cada ciudadano tiene la suya. Yo soy el único español
que no puede decir lo que hay que hacer, porque tendré que hacerlo en su
momento. A mí me gustaría que a la mayor celeridad posible se retire la
amenaza de la declaración de la independencia, porque eso va a
dificultar mucho las cosas en el futuro. Si la retiran, se evitarán
males mayores. Cada vez se están produciendo cosas más negativas para
todos. El simulacro de referéndum fue negativo para todos. Ahí vemos las
consecuencias económicas en los sectores del turismo, en los sectores
empresariales. Los mercados empieza a ponerse nerviosos. Cuanto más
tiempo pase sin que retiren la declaración de independencia, peor para
todos. Y aún están a tiempo. P. Hay otros instrumentos en la Constitución además
del 155: el estado de excepción o incluso el estado de sitio. ¿En qué
medida o en qué orden cree usted que deberían ser aplicados? R. Lo que el presidente del Gobierno vaya a plantear
al Consejo de Ministros no puede ser publicado antes, como usted
comprenderá. Y lógicamente antes tendré que hablar, según se vayan
produciendo los acontecimientos, con otras fuerzas políticas.
El presidente del Gobierno, en un momento de la entrevista.ALEJANDRO RUESGA
P. ¿Puede tolerar el Gobierno una declaración de
independencia escalonada, que no sea efectiva inmediatamente, como
podría intentarse en el Parlament? R. Mire, no. No hay ningún Gobierno en el mundo que
esté dispuesto a aceptar hablar sobre la unidad de su país ni sobre la
amenaza a la unidad de su país. Bajo chantaje no se puede construir
nada. Por tanto, es absolutamente irrelevante que pretendan que la
declaración de independencia entre en vigor al día siguiente o que sea
una declaración de independencia con condición suspensiva, resolutoria,
en diferido o con cualquiera de las múltiples formas que andan
circulando por ahí. Vamos a ver si somos serios y dejamos las cosas
claras: no se puede construir nada si no desaparece la amenaza contra la
unidad nacional. Ni en España ni en ningún lugar del mundo. P. ¿Hay alguna forma de impedir ese siguiente paso?
Aunque sea nula desde su inicio, ¿puede el Estado evitar que se produzca
el acto mismo de la declaración de independencia? R. Depende fundamentalmente del presidente de la
Generalitat. Lo que depende del Gobierno es proceder a su anulación y
que no entre en vigor nunca. En este momento el presidente de la
Generalitat ha convocado un pleno para hablar de la situación política en Cataluña,
no para hablar de una declaración de independencia. No hay la seguridad
de que esté ese asunto en el orden del pleno. No lo está en este
momento.
¿El artículo 155? “Yo no descarto absolutamente nada. Todo a su tiempo”
P. ¿Le ha sorprendido que las cosas hayan llegado al punto en que están hoy? R. Nunca lo descarté, porque se me dijo muchas veces. P. Su estrategia antes del 1 de octubre era asegurar
que no habría referéndum. No ha habido uno que pueda ser reconocido
como tal, pero hemos visto más urnas y papeletas de las que esperábamos
ver. No se le da valor público, pero fuera de España ha podido dársele
cierta validez emocional. Da la impresión de que los hechos han desbordado los cálculos del Gobierno. R. Teniamos una obligación que era impedir el
referéndum, y todo el mundo sabe que no ha habido un referéndum. Nuestro
segundo gran objetivo era que eso se hiciera con el menor daño posible.
Lo que ocurrió fue debido al empecinamiento en mantener una apariencia
de referéndum cuando sabían que era absolutamente ilegal. Esa es la
gravísima irresponsabilidad de quienes han tomado esta decisión. P. ¿Podría el Gobierno haber hecho alguna otra cosa para evitar que llegáramos hasta este momento? R. A mí se me hicieron dos planteamientos que no
podía entender y que sabían que no iban a salir adelante. El primero fue
pedir un sistema fiscal como el concierto vasco. Recuerdo que hablé al
respecto con el secretario general del PSOE y estaba radicalmente en
contra, como estábamos todos. Le ofrecimos al señor Artur Mas que fuera
al Parlamento a defender su posición y no quiso hacerlo. Después
pidieron el famoso referéndum. Sí o sí. En unas conversaciones no se
puede plantear al interlocutor un contrato de adhesión para que firme o
para que se oponga. Eso es exactamente lo que yo he vivido con el señor
Puigdemont. O hay referéndum o no hay nada de que hablar. A partir de
ahí, pudimos haber cometido otros errores, pero el error fundamental ha
sido pretender hacer un referéndum en el que se ponga en tela de juicio
la soberanía nacional. Sabía positivamente que no se lo iba a autorizar.
“Cataluña es la batalla de Europa”
Pregunta. El desafío independentista también
preocupa a nuestros vecinos. En Europa se escuchan estos días palabras
tremendas en medios de comunicación. Hablan de explosión en España.
¿Cuál es el mensaje para Europa? Respuesta. Yo lo que les diría es que esta es su
batalla. Esta es la batalla de Europa. En el año 2012, en España se
jugaba la batalla del euro. Y la ganamos los europeos. Ahora se juega la
batalla de los valores europeos y también tenemos que ganarla. Europa
nació con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero y luego vino el
Tratado de Roma. De lo que se trataba con este gran proyecto europeo era
de superar una situación que había dado lugar a dos guerras mundiales
en nuestro continente. Se trataba de que ya no hubiera más guerras, se
trataba de crear un espacio con principios y valores como la democracia,
la libertad, el Estado de derecho y el respeto a la ley. Un espacio de
progreso económico y social. En los últimos tiempos, hemos visto cómo
desde distintos lugares se va contra estos valores europeos que, para mí
y creo que para la mayoría de los europeos, son los buenos. Surgen los
populismos por todas partes. Hemos visto lo que pasó con el Brexit,
aparecen personajes como Le Pen, como el señor Farage, como la extrema
derecha alemana, y en otros países ocurre algo similar. Aquí nos ha
salido el nacional-populismo, que va contra los valores europeos, que va
contra el Estado de derecho, que va contra la primacía de la ley, que
va contra el respeto a los derechos de las personas. Todo ello fue
gravemente lesionado en las sesiones del Parlamento catalán de los
pasados 6 y 7 de septiembre. Por eso digo que esta es la batalla de
Europa y que Europa tiene que ganar esta batalla como también ganó la
del euro. Por tanto, yo animo a Europa a que continúe con lo que está
haciendo, defendiendo la unidad de las naciones, defendiendo el
cumplimiento de la ley, defendiendo las Constituciones de los países.
Hace unos días decía el ex primer ministro francés Valls, y con razón,
que si dejamos que esto vaya adelante luego vendrán otras cosas en otros
lugares del continente. Y eso no es aceptable. Por tanto, esta es una
batalla en la que los valores de Europa están en juego. Estoy convencido
de que todos los Gobiernos europeos seguirán apoyando la Constitución y
el cumplimiento de la ley.
P. ¿Le ha faltado al Gobierno iniciativa política
para presentar como pidieron muchos —incluido EL PAÍS— un proyecto para
Cataluña dirigido a aquellos ciudadanos no independentistas que aun así
no estaban cómodos en la actual situación? R. Venimos de 40 años muy positivos para la historia
de nuestro país, desde la aprobación de la Constitución. España es un
país del que podemos presumir. Tenemos uno de los PIB más elevados del
mundo y una renta per cápita muy importante. Es un país con democracia,
con libertad, con derechos humanos y separación de poderes, y que está
integrado en la Unión Europea. La Constitución de 1978 fue un gran pacto
entre españoles en la que todos se vieron obligados a ceder en sus
posiciones. Se estableció un sistema con el mayor nivel de autogobierno
para las comunidades de toda nuestra historia. Desde entonces hicimos
grandes cosas, como entrar en Europa. Ahora tenemos que seguir
construyendo Europa, que afronta debates muy importantes en materia de
defensa, de inmigración, respecto a los refugiados o sobre cómo
integrarnos mejor. Yo creo que ese es un proyecto mucho más ilusionante
que un proyecto de división, de separación y de vuelta al pasado. Un
proyecto que, como se está viendo ahora, está basado en engaños. P. Durante este último año puso en manos de la
vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría la respuesta al desafío
catalán. Se llegó a hablar de una Operación Diálogo. Sin
embargo, parece que se centraron más en la respuesta jurídica a la
ofensiva que en presentar una propuesta política atractiva.
“Es irrelevante si es una independencia al día siguiente o en diferido”
R. Es muy difícil negociar con quien no tiene más
que un objetivo y es incapaz de moverse ni un centímetro. Nosotros
planteamos una Conferencia de Presidentes de Comunidades Autónomasy
el presidente de Cataluña no quiso venir. Allí hablamos de temas muy
importantes para los catalanes, como por ejemplo el nuevo modelo de
financiación autonómica. las pensiones, protección civil o el Pacto de
Violencia de Género. Fue una de las reuniones más constructivas a las
que he asistido en los últimos tiempos. No quisieron participar en los
grupos de trabajo.Cuando uno es incapaz de moverse se lo pone imposible
al otro. Es exactamente lo que está sucediendo ahora. P. La estrategia del independentismo intenta
desalojar al Estado de Cataluña por la fuerza de los hechos. ¿Está el
Estado presente en Cataluña y controla la situación? R. Hemos tomado dos decisiones como el control de las cuentas públicas de Cataluña
o el mantenimiento allí de las fuerzas de orden público. Estas dos
decisiones demuestran que el Estado tiene resortes para velar por el
cumplimiento de la legalidad. Pero es evidente que hemos construido un
modelo de Estado que es el que viene de la Constitución de 1978, que
divide las responsabilidades entre las distintas instituciones. Cataluña
tiene la gestión de la Sanidad, la Educación, los servicios sociales y
el orden público. El Estado solo puede intervenir en circunstancias
excepcionales como las que estamos viviendo ahora. El problema es que
este modelo de Estado que hemos construido se basa en un principio
capital en una democracia que es la lealtad entre instituciones, y aquí
se ha quebrado. Pero la propia Constitución le da al Estado instrumentos
suficientes para que las cosas vuelvan a su curso. Lo que pasa es que
el que tiene que tomar la decisión debe hacerlo con prudencia y siendo
consciente de las consecuencias de la decisión que toma.
“Sería importante que ese catalanismo constitucional y moderado volviese”
P. Esta semana ha habido un hito importante en esta crisis con el discurso del Rey a los españoles,
en el que llamaba a restaurar el orden constitucional. ¿Lo ha visto
como un respaldo a la acción del Gobierno o como un toque de atención? R. A mí el mensaje del Rey me pareció magnífico. Ha
dicho lo que piensan la inmensa mayoría de los españoles. El Rey piensa
que se ha quebrado, como lo pensamos absolutamente todos, la legalidad
en Cataluña y que es necesario que esa quiebra no se siga produciendo en
el futuro. No me parece que fuera un mensaje dirigido al Gobierno. Era
una posición fijada por el Rey sobre un acontecimiento que es el más
importante que tenemos los españoles desde hace muchos años en nuestra
patria. P. En el momento en que hablamos miles de personas se manifiestan por toda España con banderas españolas. ¿Le preocupa esta expresión en la calle? R. Este asunto afecta a los sentimientos más
profundos de todos los ciudadanos. Hemos visto que se convocan
manifestaciones sin nadie reconocible al frente, pero todas ellas son
pacíficas y en ellas la gente defiende el sentido común, su país, su
Constitución, sus derechos. Y todas lo han hecho por la vía pacífica. La
gente tiene derecho a decir soy español, estoy orgulloso de serlo y
estoy orgulloso de mi Constitución. Me parece bien, se lo digo con
franqueza.
Mariano Rajoy, durante la entrevista en el Palacio de La Moncloa.ALEJANDRO RUESGA
P. ¿No teme que frente al nacionalismo independentista surja otro nacionalismo español? R. Defender a tu país nunca puede suponer un riesgo.
Los símbolos de tu país, tu bandera, tu himno, las normas que rigen la
convivencia...es algo que todo el mundo tiene derecho a defender. Y
España es un país que en los últimos tiempos ha dado bastantes muestras
de moderación, sensatez, equilibrio y sentido común. P. El PSOE ha anunciado su intención de pedir la reprobación en el Congreso de la vicepresidenta
del Gobierno por las cargas policiales del 1 de octubre. ¿Cree que
sigue existiendo hoy esa unidad con Pedro Sánchez y Albert Rivera que
usted ha querido preservar? R. En una situación como esta no es necesario sino
imprescindible que el Gobierno vaya con el mayor respaldo posible. En lo
esencial, que es donde hay que ir siempre, el Partido Popular, el
Partido Socialista y Ciudadanos coincidimos. Lo esencial es la defensa
de la unidad de España, la defensa de la soberanía nacional y la defensa
de los principios y valores que están recogidos en nuestra
Constitución. Es mi obligación mantener la unidad de los que creemos en
ello.
“¿Alguien cree que con una amenaza de ruptura un Gobierno va a negociar?”
P. Pero ante la primera reacción fuerte del Estado,
como fueron las cargas policiales del 1 de octubre, esa unidad pareció
comenzar a resquebrajarse por parte de los socialistas. ¿Qué ocurrirá
cuando se adopten otras medidas aún más drásticas? R. Tengo que decir que hay un diálogo bastante
fluido con el PSOE y también con Ciudadanos. Es mi obligación intentar
que esa unidad no se resquebraje y se recomponga. P. ¿Y aceptarán ambos medidas más duras? ¿Les ha consultado ya? R. Estamos hablando. P. ¿Se ha planteado en esas conversaciones en alguna ocasión la posibilidad de hacer un Gobierno de concentración? R. No. Ya lo planteé después de las elecciones de
2015 y no fue posible. No es mi intención volver a plantearlo en estos
momentos. Eso podría ayudar. Pero lo importante y lo que sería
suficiente es que fuéramos juntos todos.
“Tengo la obligación de mantener la calma y de acertar en la decisión final”
Pregunta. Hasta hoy, o hasta hace unas pocas semanas, usted
era el presidente del Gobierno que sacó a España de la crisis económica.
¿Le preocupa cómo va a pasar a la historia después de la crisis
catalana? ¿Le preocupa que quizá en lugar de eso va a ser el presidente
del Gobierno que gobernó durante el periodo de mayor convulsión, en un
momento en el que España sufrió el mayor choque social en mucho tiempo? Respuesta. Como he dicho antes, yo no soy el que ha quebrado
la legalidad, violentado las leyes y pretendido liquidar en seis horas
una Constitución, la española; un Estatuto de Autonomía, el catalán, y
ha hecho una legalidad paralela y de transitoriedad en cuatro horas. Esa
no es mi responsabilidad, esa es la responsabilidad de los que hicieron
todo lo que acabo de enumerar. A veces tenemos una cierta tendencia a
compartir las responsabilidades, y esta no es mi responsabilidad. Pero a
mí me preocupa mucho este tema. Es evidente que me preocupa mucho
porque es un asunto capital para los españoles y, desde luego, para mí
el más importante. En definitiva, no sé cómo pasaré a la historia, pero
lo que sí aseguro es que la independencia no se va a producir y ello,
probablemente, me ayude a pasar a los libros al menos de una manera
razonable. P. En algún momento, suponemos que revisa los periódicos. Y
alguna vez nos leerá, y habrá visto las cosas que se dicen de usted, de
cómo los periodistas le estamos retratando. Frecuentemente, su imagen es
la de un presidente a la defensiva, bastante solo y en un momento
político muy difícil. ¿Se siente usted así? R. No. No sé si por suerte o por desgracia, llevo algunos años
en política, y en ellos he vivido algunas situaciones difíciles. Esta,
sin duda, es muy difícil. Pero yo, a estas alturas de mi vida, tengo que
hacer lo que yo crea, porque al final tengo que tomar la decisión de lo
que es mejor para España. Y tengo que intentar ser justo, tengo que
intentar ser ecuánime, tengo la obligación de escuchar a la gente y sé
lo que piensan muchos. Pero sobre todo tengo la obligación de mantener
la calma. Es mi máxima obligación, aunque sea un momento difícil, porque
si no mantengo la calma puede que me equivoque en la decisión que tengo
que tomar. Cualquier otra persona puede opinar en caliente. Pero,
estando en mi situación, lo que no puedo hacer es decidir en caliente.
Además, tengo una última obligación, que es acertar, y que probablemente
sea lo más difícil de todo.
P. En aras de ese objetivo, el de tener el mayor
apoyo político y parlamentario posible, un Gobierno de concentración
podría ser un instrumento que lo garantizara. R. Lo acabo de decir, sí. Pero es suficiente que
vayamos juntos en estos momentos tan difíciles. Es mi obligación y sería
insensato no actuar de esta manera. No estamos hablando de la tarifa
del IRPF, estamos hablando de la unidad de España. P. ¿Cómo le ha sentado ese comunicado de la fundación FAES, que tiene detrás la mano del expresidente Aznar, en el que se le pide que actúe o se eche, si no, a un lado? ¿Lo interpreta como un acto de deslealtad? R. Francamente, desde hace algún tiempo ya no contesto a esas preguntas. P. Pero ese mensaje de Aznar es llamativo. ¿Se siente usted respaldado por su partido? R. Absolutamente. En realidad me he sentido apoyado
por mi partido siempre, después de las dificultades que todo el mundo
conoce por las que atravesó este Gobierno. Si no hubiera tenido el apoyo
de mi partido la historia se hubiera producido de otra manera.
“Hay cosas que se pueden hacer mejor o peor, pero defiendo la acción policial”
P. Tiene usted ahora sobre la mesa una lista notable de candidatos para mediar en esta situación. R. La buena voluntad de la gente es muy notoria y hay que agradecérselo. Me gustaría decir una cosa sobre esto de la mediación: no necesitamos mediadores.
Lo que necesitamos es que quien está incumpliendo la ley y quien se ha
situado por encima de la ley rectifique su posición. Se habla además de
que hay que negociar. Pero es que la unidad de España no se negocia. Y
además no se puede negociar con la amenaza de romper la unidad de
España. En este momento hay una negociación que es la prioritaria, y es
que el señor Puigdemont negocie y se ponga de acuerdo con los grupos de
oposición en el Parlamento catalán, que representan a más de la mitad de
los catalanes, y a quienes se ha impedido hasta poder debatir sobre la
liquidación de la Constitución y del Estatuto, o la convocatoria de un
referéndum ilegal. P. ¿Tiene en estos momentos el Gobierno algún canal de comunicación abierto con Puigdemont o con Junqueras? R. El Gobierno lo único que tiene, y lo que él sabe,
es la idea de que no se puede dialogar sobre la unidad de España, ni
mediar ni ser objeto de mediación, ni negociar con la amenaza de romper
la unidad de España. P. ¿Y sobre qué se puede negociar?
“Serán los jueces los que tengan que decir si la actuación de los Mossos es correcta”
R. Dentro de la ley se puede negociar todo. Otra cosa es que se llegue o no a acuerdos. P. ¿Y se puede negociar ya? Dice que dentro de la ley se puede negociar todo. ¿Cuándo? R. Mientras no se vuelva a la legalidad, yo desde
luego no voy a negociar. El presidente del Gobierno de un país avanzado y
democrático no puede negociar con quien se salta la ley a la torera. En
cuanto se produzca una rectificación estaremos en una situación
diferente y normal. Como hemos estado durante 40 años en los que se han
negociado muchas cosas. P. Entonces, si el señor Puigdemont renuncia expresa
y públicamente a la declaración de independencia, ¿está usted dispuesto
a hablar con él al día siguiente? R. No. El señor Puigdemont tiene una primera
prioridad que es hablar con el Parlamento de Cataluña. Lo que es
evidente es que estaremos en una situación muy diferente. Eso no se ha
producido, y por lo tanto no adelantemos acontecimientos. Yo quiero la
vuelta a la normalidad y es evidente que la vuelta a la normalidad nos
coloca en una situación diferente. P. ¿El Gobierno no impone entonces condiciones como señalar que Puigdemont o Junqueras están ya invalidados para una negociación? R. Ahora estamos en la situación en la que estamos. Fijemos prioridades. Las prioridades son la vuelta a la ley y la normalidad. P. Pero esta es la situación en la que estamos, la de que ellos están considerando la posibilidad de una negociación. R. No, ya le he dicho que no hay ninguna
negociación. No tengo que negociar nada. Tengo la obligación de pedirles
que vuelvan a la ley y a la normalidad. P. En un futuro no ya tan inmediato, ¿puede ser la reforma constitucional un instrumento a considerar por su Gobierno? R. No es un momento de cambiar cromos o de anunciar
lo que puede ocurrir dentro de diez meses o no. Lo que ha hecho el señor
Puigdemont tiene consecuencias. En las empresas que se van, en la
división creada en la sociedad catalana, en el turismo, en el bolsillo
de la gente, en el crédito en Cataluña. En el futuro se puede hablar de
muchas cosas. Lo que le puedo decir es que a algunas cosas no voy a
renunciar, como son la soberanía nacional y la unidad nacional. Pero se
puede hablar y dialogar. Hay ya una comisión en el Congreso. Pero todo
eso es para el futuro y sin que tenga nada que ver con el desafío de
estos días. P. ¿Cree que Podemos, y su líder Pablo Iglesias,
está utilizando la crisis en Cataluña con el objetivo de provocar una
desestabilización de las instituciones?
¿El nacionalismo español? “Defender tu país no puede suponer un riesgo”
R. Ya cuando me planteó el señor Iglesias una moción
de censura no conseguí que me diera su opinión sobre la soberanía
nacional, ni conseguí que me dijera qué pensaba del referéndum en
Cataluña. En las últimas fechas hemos visto cómo piensa una cosa y la
contraria en numerosas oportunidades. No es consciente de la importancia
de algunas cosas ni tiene posición sobre lo más importante que pasa en
España. P. Si los empresarios catalanes hubieran actuado
antes con energía, como lo han hecho ahora, ¿se hubiera acabado antes
con el problema? R. Eso ya es historia pasada. P. ¿Ve usted el riesgo de un corralito en Cataluña? R. No voy a amenazar a nadie con los males del
infierno. Yo lo único que digo es que cuando uno miente tanto al final
la realidad acaba llegando. Después de contar a todos que aquí no iba a
pasar nada, ahora están empezando los problemas. Aún están a tiempo de
rectificar, porque si no lo hacen todo irá cada vez peor porque no puede
ir de otra manera. P. ¿En algún momento se ha visto tentado a adelantar la elecciones en España? R. No. Siempre he dicho que un país tiene que
aspirar a una situación de estabilidad y normalidad. No tengo ninguna
intención de adelantar las elecciones. Me parece un disparate. Creo que
eso es malo para España y sería un mensaje pésimo para nuestros socios
europeos. Las situaciones de inestabilidad hacen muchísimo daño. Eso es
lo que está ocurriendo ahora en Cataluña.
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